ALFONSINA STORNI
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Alfonsina nació en Sala Capriasca en Suiza, el 22 de mayo de 1892 pero a los cuatro años se trasladó con sus padres a Argentina llegando a San Juan, donde su padre tuvo una fabrica de cerveza. Cuando Alfonsina tenía diez años, el negocio familiar se llamaba el “Café suizo”, donde ella lavaba platos y servía las mesas. Su padre, depresivo y alcohólico, falleció en 1906 y su familia se mueve a Rosario.

Fueron años de dificil situación financiera. En 1907 llega a Rosario la compañía de Manuel Cordero, un director de teatro que recorría las provincias. Alfonsina reemplaza a una actriz que se enferma y le propone a su madre que le permita convertirse en actriz y viajar con la compañía. Así recorre Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Santiago del Estero y Tucumán antes de regresar a Rosario. Su madre se ha casado otra vez. Alfonsina escribió años después: "[el teatro]tuvo una gran influencia sobre mi actividad sensorial, pues me puso en contacto con las mejores obras del teatro contemporáneo y clásico. Pero casi una niña y pareciendo ya una mujer, la vida se me hizo insoportable. Aquel ambiente me ahogaba. Torcí rumbos…"

Alfonsina se hizo maestra y trabajó un tiempo en Coronda, un pequeño pueblo de la Provincia de Santa Fé. Ganaba algún dinero extra los fines de semana, viajando a Rosario que está cerca, a cantar en un pequeño cabaret. Cuando en el pueblo se enteraron de que actuaba como corista, la humillaron durante un acto escolar y decidió irse a vivir en Rosario. Allí trabajó como maestra y empezó a publicar sus primeros poemas en las revistas locales, "Mundo Rosarino", "Monos y Monadas" y algún tiempo después en "Mundo Argentino".

En esa época quedó embarazada de un hombre casado y mucho mayor que ella y Alfonsina decidió tener a su hijo. La identidad del padre de Alejandro nunca fue revelada por ella, y solo treinta y ocho años después de su muerte, el escritor Carlos Alberto Andreola, en la introducción de su libro “Alfonsina Storni: vida, talento, soledad” revela su identidad. Su nombre era Carlos Arguimbau, un hombre culto, diputado provincial, escritor en la prensa local y amante de la literatura; incluso es el autor de una obra de teatro.

En enero de 1912 viajó a Buenos Aires, sola, sin dinero, embarazada y con su maleta de versos. Vivió en una humilde pensión donde el 21 de abril nació su hijo, Alejandro Alfonso Storni. Luego vivieron con un matrimonio y Alfonsina tuvo que trabajar como cajera en una farmacia, además de coser por encargo.

En 1916 publica con mucha dificultad su primer libro, "La inquietud del rosal", y en sus versos comienza a cuestionar el rol de la mujer. Uno de sus poemas, "Tú me quieres blanca" va cogiendo vida propia, difundido por las recitadoras de la época y fue el que le fue haciendo popular entre las mujeres. «Tú me quieres alba, me quieres de espumas, me quieres de nácar», poema en el que fustiga a los hombres a buscarse y recuperar «el alma que por las alcobas se quedó enredada».

Trabaja como cajera en una tienda y luego en la revista "Caras y Caretas". Frecuenta tertulias literarias donde conoce y se relaciona con la vanguardia literaria del momento, José Enrique Rodó, José Ingenieros y Manuel Ugarte. Hace amistad con el poeta mexicano Amado Nervo, quien llega a la argentina como embajador de su país. Su situación económica mejora. Sus poemas se publican: "El dulce daño" en 1918 y "Languidez", en 1920 con el cual consigue el Primer Premio Municipal de Poesía y el Segundo Premio Nacional de Literatura. Sin embargo sus nervios, a flor de piel, la enferman y le cuesta reponerse.

Viaja a Montevideo a presentar su poesía y conoce a la poeta uruguaya Juana de Ibarbourou y al escritor Horacio Quiroga. Juana comenta: "Era joven y parecía alegre; por lo menos su conversación era chispeante, a veces muy aguda, a veces también sarcástica". A su casa llega un día la poeta chilena Gabriela Mistral a conocerla y luego escribiría: "Extraordinaria la cabeza, recuerda, pero no por rasgos ingratos, sino por un cabello enteramente plateado, que hace el marco de un rostro de veinticinco años. Cabello más hermoso no he visto. Era dorado, y alguna dulzura rubia quedaba todavía en los gajos blancos. El ojo azul, la empinada nariz francesa, muy graciosa, y la piel rosada, le dan alguna cosa infantil que desmiente la conversación sagaz y de mujer madura".

En 1923 es profesora de Lectura y declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas y en 1925 publica "Ocre", que marca un cambio decisivo en su poesía. En 1927 estrena su obra de teatro "El amo del mundo"ante una gran expectativas del público y de la crítica, tanto así, que al estreno asiste el presidente Alvear y su esposa. Pero la crítica la destroza y en tres días se cierra. Se repone del golpe, interviene en la creación de la Sociedad Argentina de Escritores y al año siguiente viaja a España donde conoce escritoras y toma contacto con la actividad literaria europea. Regresa tres años después en compañía de su hijo.

En 1931, el Intendente Municipal de Buenos Aires nombra a Alfonsina jurado del concurso de poesía, primera vez que este nombramiento es encomendado a una mujer, lo que la enorgullece y declara en su nombramiento: "La civilización borra cada vez más las diferencias de sexo, porque levanta a hombre y mujer a seres pensantes y mezcla en aquel ápice lo que parecieran características propias de cada sexo y que no eran más que estados de insuficiencia mental."

Hace amistad con Federico García Lorca en su permamencia de cinco meses en Buenos Aires, en 1933-34 y le escribe su poema "Retrato de García Lorca". Publica "Mundo de siete pozos" y "Mascarilla y trébol", poemarios desafiantes, eróticos y audaces.

En 1935 se le descubre un cancer de mama y es operada inmediatamente. No acepta la radioterapia y el cancer reaparece. Sus nercios le fallan, sus depresiones son frecuentes. Sus poemas la acercan a la muerte, al abrazo de la mar y a la casa de cristal que la espera allá en el fondo, en la avenida de las madréporas...

En Enero de 1938 es invitada a un acto histórico en Montevideo: un encuentro de las tres grandes poetisas americanas del momento, Alfonsina, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. Presenta su ponencia "Entre un par de maletas a medio abrir y las manecillas del reloj" respondiendo a la invitación que le pide a cada poeta "que haga en público la confesión de su forma y manera de crear".

En Octubre de 1938 se va a Mar de Plata a reposar. El Martes 25, hacia la una de la madrugada Alfonsina dejó su habitación y bajo una lluvia torrencial se dirigió al mar. Dejaba el poema “Voy a dormir”, y una carta de despedida a su hijo Alejandro, de veintiséis años.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

A la mañana siguiente, dos obreros descubrieron el cadáver en la playa. Ya fuera que caminara hacia el fondo del mar o se lanzara desde un espigón, Alfonsina se despedía de la vida. Meses antes, su amigo el escritor Horacio Quiroga se había suicidado y Alfonsina había escrito: "Morir como tú, Horacio,/ en tus cabales, / y así como en tus cuentos, / no está mal." En la Playa de la Perla en Mar del Plata, se encuentra el monumento a Alfonsina Storni, donde llegan peregrinos de todo el mundo a dejar sus ramitos de flores y a recordar el bello poema de Felix Luna acompañado de la hermosísima composición musical de Ariel Ramirez, "Afonsina y el Mar".

En Enlaces hemos escogido una serie de poemas musicalizados que nos muestran la esencia de su poesía. De Isabel Parra el poema "Madre Mia", de Chao Cofré, la canción "Piececitos" y tres versiones diferentes del poema "Miedo": Una de Chao Cofré, otra de Rosa León y otra de la también chilena Mariana Montalvo. Recomiendo este poema a toda mujer, madre e hija, y algún ocasional padre de una niña hecho de "material sensible". Por último el bello poema "Cosas" de Dina Rot, un viaje con Gabriela por Chile: "Amo las cosas que nunca tuve / con las otras que ya no tengo" .

Biografía escrita por hugo cuevas-mohr