GABRIELA MISTRAL
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Lucila Godoy y Alcayata, nace en Vicuña, Chile el 7 de abril de 1889. Su padre, que tenía una facilidad para escribir y recitar poemas, la dejó desde muy niña. Lucila desde muy joven se dedicó a la docencia, primero como maestra rural y con el trágico suicidio de su primer y apasionado amor, ella encontró refugio en la poesía. De esta experiencia nació su libro, sonetos de la muerte (1914) y en este momento adopta el seudónimo del nombre de los poetas gabriele d’anunzio y frederic mistral.

Su fama como poeta fue creciendo y su labor educativa la llevó a todos los rincones de Chile y luego a México, por la invitación de José Vasconcelos, encargado de la secretaría de educación del recientemente formado gobierno revolucionario en las postrimerías de la guerra civil mexicana.

En 1922, vasconcelos encargó a Palma Guillén de ser su acompañante, con estas palabras: “Ella tiene muy buenas ideas sobre la educación. Es una mujer de la provincia, casi del campo, y sabe lo que necesita la gente del campo. Es una gran maestra y una gran poetisa. Yo quiero que gabriela nos dé su opinión acerca de todo lo que estamos haciendo y que nos ayude con su experiencia y con su intuición. Es una mujer genial, admirable.”

Gabriela se interna en el corazón de México. De ella escribe su acompañante y amiga de toda la vida, Palma Guillén: “iba a los pueblos. Adoraba a la gente del campo y en seguida se entendía con ella. Hablaba con los maestros, los veía trabajar; hacía para ellos pláticas y conferencias sobre el sentido de la enseñanza, sobre los fines que se perseguían en las nuevas escuelas, sobre el material escolar, sobre la enseñanza de la geografía y de la historia, sobre los libros auxiliares, sobre los libros para los niños y para los jóvenes, sobre el uso de las bibliotecas, sobre la cultura necesaria al maestro y a la mujer. La gente en los pueblos o en las ciudades acudía a oírla y la oía con verdadera religiosidad. Ella era muy intuitiva y se daba cuenta inmediatamente de su auditorio, así es que sabía encontrar siempre el tono justo para que cualquier tema se volviera interesante y asequible. Visitaba mercados y talleres; hablaba con los maestros, con los obreros y sobre todo con las mujeres”. Este texto describe muy bien quién era Gabriela Mistral.

Sin embargo su salida de México fue triste e intempestiva. Envidias y recelos la hicieron despedir este país que amó: “amó a méxico, con un amor hecho de conocimiento y de esperanza". El recuerdo de México, después de su paso por este país, va y viene constantemente en sus poesías.

Alternó la enseñanza con la vida diplomática en España, Portugal, Francia, Italia y Brasil. Su poesía es más instintiva que académica desde el punto de vista literario. Su primera gran colección de poemas, “Desolación” fue publicado en el año que llegó a México, 1922. En 1924, al salir de México publicó “Ternura” y también “Lecturas para Mujeres”, una colección de textos para mujeres.

El académico sueco, Hjalmar Gullberg, en su discurso al concederle el Premio Nóbel de Literatura en 1945 describe con singular belleza las razones por las cuales se le concedió el premio: "de su mano maternal, ella nos da un sorbo de agua que brota de a tierra y calma la sed del corazón. Viene del manantial de la poesía que nunca se secará”.

Vive al final de su vida en los estados unidos, enseñando en la Universidad de Columbia, Middlebury College, vassar college y la universidad de puerto rico. En 1957, después de una larga enfermedad, muere el 10 de enero, en Hempstead, en Nueva York.

Pero la biografía de Gabriela no refleja la pasión humana que se desarrolló en sus venas y que cargó toda su vida de soledad, de misterio, de dolor, de maternidad no realizada. “debo haber llevado el aire distraído de los que guardan secreto” escribió muy joven. Y así deambuló por la vida, entre mujeres, en un mundo patriarcal que no la comprendía, que la alabó pero que no logró apropiarse de ella.

Vivió amores escondidos y entregó su corazón con miedo y entereza. En una de sus preciosas cartas de amor, escribe: “yo lo sufriré todo: el no verlo, el no oírlo, el no poder decirle mío porque mío no puede ser; todo, menos que juegue con este guiñapo de corazón que le he confiado con la buena fe de los niños. ¡si en este momento de ternura inmensa te tuviera a mi lado! En qué apretado nudo te estrecharé”.

Mucho se ha escrito y se seguirá escribiendo sobre esta mujer enigmática de la cual se hacen muchas elucubraciones sicológicas. Si era o no homosexual, será un tema que se seguirá debatiendo. El escritor chileno Hernán Ortega Parada en un artículo titulado "En Defensa de Gabriela Mistral", escribe: "Nuevos documentos que salen a luz pública no hacen otra cosa que afirmar la integridad femenina normal de la maestra. En "Bendita mi lengua sea", de Jaime Quezada, hay cuadernos íntimos de [Gabriela] donde ella rechaza el cargo de lesbiana. Matilde Ladrón de Guevara, que vivió a su lado en Italia, es igualmente enfática." Tal vez lo más importante es que su poesía es un viaje al corazón de una maestra, una mujer sencilla, un espíritu libre pero temeroso, tierno e inseguro, fresco y soleado…


En Enlaces hemos escogido una serie de poemas musicalizados que nos muestran la esencia de su poesía. De Isabel Parra el poema "Madre Mia", de Chao Cofré, la canción "Piececitos" y tres versiones diferentes del poema "Miedo": Una de Chao Cofré, otra de Rosa León y otra de la también chilena Mariana Montalvo. Recomiendo este poema a toda mujer, madre e hija, y algún ocasional padre de una niña hecho de "material sensible". Por último el bello poema "Cosas" de Dina Rot, un viaje con Gabriela por Chile: "Amo las cosas que nunca tuve / con las otras que ya no tengo" .

Biografía escrita por hugo cuevas-mohr